Maria Woodworth-Etter
Written by carlosrene89
Posted on Wednesday, September 3, 2008 at 05:52 PM.
MARÃA WOODWORTH-ETTER
En 1844, en una solitaria granja en Lisbon, Ohio, nació MarÃa. Una niña de pueblo en mitad de un estado agrÃcola, parecÃa destinada a ser ama de casa y madre, pero a los trece años, tras convertirse, Maria Woodworth-Etter, recibió un llamamiento a servir a Dios como predicadora.
Las dificultades para una mujer en el siglo XIX eran enormes y los problemas personales de MarÃa parecÃan insalvables. Su madre murió poco después y ella tuvo que hacerse cargo de la granja, lo que terminó con sus sueños dedicarse a predicar.
Tras la Guerra Civil, Maria se casó con P. H. Woodworth, un soldado herido que dedicó, junto a su nueva mujer, todas sus fuerzas para levantar la granja. Tuvieron seis hijos, pero cinco murieron a muy corta edad, transformando la felicidad de los Woodworth en una profunda tristeza.
MarÃa, desesperada, buscó en la Biblia la respuesta a su triste situación. Las palabras del profeta Joel la llenaron de ánimo, cuando descubrió que, según la promesa de Dios, tanto las mujeres como los hombres recibirÃan el derramamiento del EspÃritu Santo, en los últimos tiempos.
Una noche, mientras oraba, tuvo una visión que la llevaba sobre las inmensas praderas del Oeste y vio como ella predicaba sobre los amarillentos campos de trigo. Entonces, una voz le dijo: âAsà como caen los granos, caerán las personasâ.
Una nueva vida comenzaba para MarÃa. ¿PodrÃa superar todos los obstáculos y convertirse en una de las primeras predicadoras del siglo XIX?
Virginia Woolf, en su obra Las mujeres y la literatura, nos comenta sobre el cambio de posición de la mujer en la sociedad moderna al decir: Por primera vez en muchas edades, la encorvada figura de manos sarmentosas y ojos apagados, que, a pesar de los poetas, es la verdadera imagen de la feminidad, se enderezó, apartándose del balde de lavar la ropa, salió de su casa y se dirigió a la fábrica. Este fue el primer paso en el doloroso paso en la senda de la libertad. Wolf, escritora de éxito y firme luchadora por los derechos de las mujeres, nos describe en breves palabras los difÃciles comienzos de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Dentro de la iglesia también hubo mujeres que desempeñaron ese papel.
Maria Woodworth-Etter (1) comenzó a servir dentro de su propia iglesia, pero al poco tiempo su ministerio se extendió a otras congregaciones que le pedÃan que fuera a visitarles. Al poco tiempo, Maria comenzó a comprobar que, tras la oración, algunas personas caÃan al suelo sin que ella las tocase. Estos âtrancesâ le causaron numerosas crÃticas entre los ministros de las diferentes denominaciones. La propia predicadora definÃa de esta manera los trances: âSon una de las cuatro formas en que Dios se manifiesta en una visión. En la forma del trance, las capacidades naturales se congelan y de esta manera Dios puede ministrar todo lo que sea necesarioâ.
Unos años más tarde, en uno de los momentos de mayor reconocimiento, MarÃa se separó de su marido, que le habÃa engañado con otra mujer. En 1892, su ex marido morÃa de fiebres tifoideas. Ella se casó unos años más tarde.
Después de una larga temporada de campañas evangelÃsticas en el Oeste y de la publicación de varios libros, su fama se extendÃa por todo el paÃs. Pero también tuvo problemas con la Justicia. Fue citada tres veces a juicio, pero solo una de ellas prosperó. El juicio se realizó en Framingham, M!$achussets. Los cargos eran los de hipnosis y la práctica de la medicina. Al final la causa se desestimó.
La Campaña Mundial de los Ãngeles, en la que participaba la iglesia de Azusa, fue la que originó una de las divisiones más profundas y duraderas entre los nacientes grupos pentecostales. Un tal John G. Scheppe comenzó a predicar que solo habÃa que bautizar en el nombre de Jesús y que si alguien habÃa sido bautizado en el nombre de la Trinidad debÃa ser rebautizado. La hermana Maria adoptó una posición ambigua y, tan sólo unos años después, condenó abiertamente el unitarismo.
En 1918, tras cuarenta y cinco años como evangelista, MarÃa se estableció en Indianápolis y construyó una gran iglesia.
Su larga vida tocaba a su fin, con ochenta años y tras haber enterrado a sus seis hijos y dos maridos, poco le quedaba ya por hacer. Su ministerio habÃa sido sencillo, pero acompañado por grandes manifestaciones de poder y miles de convertidos.
En palabras de Plauto en su Cruculio: FLAMMA FUMO EST PROXUMA. La llama está inmediatamente cercana al fuego.